¿Por qué hay tantos baches en mi ciudad?


Extractos del libro “La Reforma Urbana” por Marco Martinez O’Daly

¿Por qué hay tantos baches en mi ciudad? La respuesta corta: por el mal manejo de las finanzas públicas. En el sistema actual, el poco o mucho dinero con el que cada ciudad cuenta, no queda claro para qué es, ni qué prioridades debe atender, por lo que se usa para los asuntos que más votos generan en el corto plazo, no para aquello que garantice que la ciudad funcione bien en el largo plazo. Y esto resulta en una visión de corto plazo, limitada a los ciclos electorales de cada ciudad.

Por ello, lo más natural del esfuerzo de los gobernantes en turno con respecto a las regulaciones, diseños y recursos invertidos en el desarrollo urbano, es que favorezcan aquellos asuntos que les conseguirá mayores votos en tan solo un par de años. Sin embargo, para que las ciudades funcionen adecuadamente deben prever criterios técnicos con un horizonte de décadas e incluso de siglos (igual que nosotros, en nuestros hogares, entre mas planeación financiera, con disciplina, inversiones, ahorros y en ocasiones, austeridad, más prosperidad logramos a largo plazo). Pero los gobernantes no tienen ningún incentivo u obligación de invertir en esta visión de largo plazo, cuando la naturaleza de las democracias y de los intereses de los políticos son por lo general de corto plazo.


Si a esto le agregamos que los recursos públicos son limitados, y que los políticos deben decidir cómo distribuirlos entre una de varias categorías, el problema se vuelve mayor. La primera de estas categorías electorales son los gastos que sirven para influir en el voto y la opinión pública, gracias a una imagen falsa, como lo hemos visto en quienes invierten todo en comunicación social. La segunda categoría se refiere a los gastos en compromisos políticos, para dar puestos de trabajo, contratos y favores a todos aquellos que son necesarios para mantener su carrera política y ganar elecciones. Y la última categoría es la de ciertas obras públicas, algunas diseñadas para enriquecer a sus colaboradoras y otras pocas buscando tener influencia sobre la opinión pública.


Ahora, a esta total discrecionalidad del uso de los recursos públicos, debemos agregarle otra variable más, una idea bien intencionada y con gran sentido social, el deseo de redistribuir la riqueza para disminuir la brecha de la desigualdad entre los más pobres y los ricos. Esta idea, a la cual los expertos se refieren como “la función redistributiva de los impuestos,” nace con el espíritu de ayudarle a las colonias más rezagadas o a las familias en situaciones más vulnerables, pero en realidad solo acaba siendo un cheque en blanco para los políticos. Como las obras públicas no son una prioridad para la mayoría de los políticos, éstos terminan usando los recursos designados como redistributivos para alimentar la burocracia política y el gasto corriente de sus oficinas. No es coincidencia que la mayoría de los alcaldes salgan a diario en los medios locales regalando despensas, balones de futbol o cortando listones de obras en las que nada tuvieron que ver. Muy pocas veces vemos a alcaldes inaugurando obras de mantenimiento; pues si ese dinero lo estuvieran invirtiendo en obras, en lugar de gastarlo en comunicación social, los medios de comunicación no les dieran difusión a estos logros.

Cabe mencionar que la reciente película mexicana La Dictadura Perfecta[i] hace una interpretación increíblemente precisa (y valiente) sobre esta situación, exponiendo la manera en la que muchos periódicos, estaciones de radio y televisoras llevan una culpa importante en todo este proceso, uno de sus negocios principales siendo aquel de amenazar a los políticos con la manipulación de las noticias, advirtiendo que pueden convencer a sus ciudades de cualquier imagen o idea falsa, escondida entre letras astutas y portadas inteligentes, evadiendo la legalidad sin realmente poder ser acusados de nada, al menos que los gobiernos les contraten un paquete de publicidad, paquetes que no valen lo que cuestan, pero que en verdad no venden lo que suponen, pagos que son una extorsión disfrazada.


Y entre tantas posibilidades de enfoque de los gobiernos, lo que menos resuelto está es: ¿Quién va a tapar ese hoyo enfrente de tu casa y con qué dinero?

¿Te gustaría adquirir el libro? Digital o impreso en venta aquí: 

“La Reforma Urbana: para Rescatar tu Ciudad y Cuidar el Planeta” 

 

[i] Estrada, Luis. La Dictadura Perfecta. Bandidos Films. México. 2014.

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